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La Coctelera

Categoría: Sección 008-N Educación Integral

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Uso de las mayúsculas

Hola juventud!
En enlaces se encuentra un ejercicio del uso de las mayúsculas que consta de nueve (9) partes (no se alarmen que son cortos), los invito a realizarlos y luego como es costumbre:el respectivo comentario.
Que tengan una bonita semana.
Se les quiere!

Reglas de uso de las mayúsculas.


Se escribe con mayúscula:

La primera palabra de un escrito y después de punto seguido o aparte.

Ej.: El camión circulaba despacio. Los coches lo adelantaban por la izquierda.
En el horizonte se divisaban las montañas nevadas.

Después de dos puntos, cuando se citan palabras textuales.

Ej.: Dice el refrán: "Días de mucho, ?vísperas de poco".

A continuación del saludo de las cartas.

Ej.: Mi querido amigo:
Recibí tu felicitación...

La primera palabra que sigue al signo de cierre de interrogación (?) o exclamación (!); a no ser que lleve coma.

Ej.: ¿Cómo? Habla más alto. ¡Qué alegría! Vente pronto.

Los nombre, apellidos, sobrenombres y apodos de personas.

Ej.: Juan, Fernando III el Santo, Pérez, Guzmán el Bueno.

Los nombres propios de animales y cosas.

Ej.: Rocinante, España, Amazonas, Everest.

Los artículos y adjetivos que forman parte del nombre propio.

Ej.: El Escorial, Buenos Aires, El Salvador.

Los títulos, cargos, jerarquías y dignidades importantes si se refieren a una persona determinada y si no van acompañados del nombre de la persona a quien se refieren.

Ej.: Sumo Pontífice, Duque, Presidente, el rey Juan Carlos I.

Los tratamientos de cortesía, especialmente si van en abreviatura, con la excepción de usted si va escrita la palabra entera.

Ej.: D., Sr., Dña., Sra., Vuestra Excelencia, Alteza Real.

Los nombres de una institución, sociedad, corporación o establecimiento.

Ej.: Museo de Bellas Artes, Diputación Provincial, Tribunal Supremo, Caja de Ahorros, Teatro Municipal, Casa de la Cultura.

Los títulos de obras, de películas, de obras de arte, de leyes, de cabeceras de periódicos, nombres de congresos y certámenes. Se escribirán con mayúscula todos los nombres y adjetivos del título; excepto si es muy largo que podrá llevarla sólo la primera palabra.

Ej.: El Quijote, Tratado de Judo, Ortografía Práctica, El Guernica, Festival de Eurovisión, Ley Electoral, El País, Los diez mandamientos, La guerra de las galaxias.

¡Atención! Los nombres de días de la semana, meses y estaciones del año se escriben con minúscula.

Ej.: lunes, martes, agosto, verano.

http://roble.pntic.mec.es/~msanto1/ortografia/mayus.htm

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Actividad

Hola! así como lo acordamos el lunes y martes, se encuentran en ENLACES dos (2) ejercicios del uso correcto de las letras Ll/ Y.
Deben hacerlos y llevarlos impresos a la próxima clase. Recuerden las pautas dadas.
Un abrazo!

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Algunas técnicas de lectura rápida

Hola hijos! espero se encuentren bien en línea general.

A continuación se encuentra una clase sobre técnicas de lectura rápida, participa leyendo y haciendo tu comentario como acostumbramos.

En cualquier situación de aprendizaje o perfeccionamiento es esencial tener clara la base de donde se parte.


Ese punto de partida se establece mediante la medición de la velocidad normal de la lectura y su comprensión, esta debes haberla establecido en el CIU en la asignatura Comprensión Lectora.

Cada uno conoció su velocidad normal de lectura y su comprensión pero cuando la comparamos tal vez con otros por ejemplo con los buenos lectores pudimos notar que estamos en desventajas.

E lector lento lee entre 100 y 150 ppm

El lector rápido en términos corrientes puede alcanzar a leer 300 ppm

Cuando nos limitamos en 300 ppm quiere decir que leemos rápido pero palabra por palabra, si las superamos quiere decir que el lector capta espacios del texto mas significativos y el número de palabras por minuto aumentará.

Si notamos que estamos lentos en las lecturas no debemos preocuparnos sino ocuparnos como lo hacemos, y superar la última marca y así sucesivamente cada vez que nos

evaluemos.

Sabias que:

· La perdida de memoria después del aprendizaje es enorme!

· Después de un periodo de una hora de aprendizaje, se produce un pequeño incremento en la memorización de la información ya que el cerebro integra los nuevos datos.

· A este lapso le sigue una espectacular disminución en la que al cabo de 24 horas el 80% de los detalles se han perdido.

· Un curso de tres días se puede olvidar al cabo de una o dos semanas.

Los ojos son una de las maravillas del

universo!

Cada ojo contiene:

o 130 millones de receptores de luz.

o Los ojo distinguen mas de 10 millones de colores diferentes.

o Actuando en armonía estos superreceptores de luz pueden decodificar en menos de un segundo una escena con miles de millones de unidades de información y con una fidelidad fotográfica óptima.

o El laboratorio Cerne (Suiza) ha estimado que construir una máquina capaz de reproducir la increíble complejidad de los ojos podría costar casi 100 millones de dólares.

o El laboratorio señala también que el ojo mecánico seria relativamente inmóvil y tendría un tamaño similar a una casa.

Se compara el funcionamiento del ojo con el de una cámara fotográfica.

Memoria Fotográfica:

Es la habilidad de fotografiar mentalmente la información en nuestra mente inconsciente donde se relaciona con nuestros conocimientos anteriores y nos permite alcanzar niveles de memorización y concentración muy superiores a la que creíamos tener.

Implica un aumento de la concentración, la creatividad y nos hace mas intuitivos.

No implica leer como estamos habituados a hacerlo. Leer fotográficamente no se lleva a cabo con la mente analítica y lógica sino activando áreas cerebrales que no utilizamos durante nuestras lecturas cotidianas. El viejo método de ir palabra por palabra, de izquierda a derecha y línea tras línea, esta regido por el hemisferio izquierdo, analítico y organizador y produce un goteo interminable de información que termina por sobrecargarnos.

Ampliar el Campo Visual:

El ojo humano también dispone de un campo visual como las cámaras.

Cada ojo ve aproximadamente 150° sobre el plano horizontal y con la superposición de ambos se abarcan los 180°.

Sobre el plano vertical sólo son unos 130° por en cima de la horizontal y 70° por debajo.

Cuando vamos a leer debemos estar rejados para activar el hemisferio derecho del cerebro y la memoria a largo plazo, dispuestos con nuestros ojos abiertos y el material en frente a la distancia apropiada, nos situamos en un estado llamado fotofoco en el que se produce el envío de información visual a nuestra mente no consciente mediante la estrategia de ver sin enfocar directamente la información, la impresión es que la proeza no es posible sin embargo tradiciones milenarias hablan de “ver con ojos blandos “ son los ojos blandos los que abren nuestra visión periférica para fotografiar mentalmente páginas enteras.

Las técnicas convencionales de lectura obliga a los ojos a excesivas pausas y detenciones porque se lee de una manera parecida a como se escucha. El campo visual capta sólo sílabas o palabras sueltas.

Algunos datos fueron tomados de:

Lectura Rápida. CARBONELL.


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Actividad

Pautas:

- Una vez acordado y conformados los equipos de trabajo en clase deben sacar copia del capítulo que te corresponde.

- No olvides que la actividad es en equipo.

- Resaltar y explicar en la copia del capítulo de la novela previamente escogido cuando se describe, cuando se narra y cuando existe diálogo.

- Debes entregar esa copia resaltada con las diferentes formas de expresión acompañada de una explicación o argumentación impresa, escrita en letra tipo arial número 12, pulcra, engrapada.

-Debe tener identificación de carrera, sección, nombre y apellido con cédula de identidad de los integrantes.

- Su ponderación es de 10%

- Fecha de entrega:

· Educación Integral
Secciones 006-N y 008-N el día 28/05/07

· Economía Social


Sección 003-N el día 29/05/07

Equipo 1: desde la página 9 a la 28

Equipo 2: desde la página 29 a la 48

Equipo 3: desde la página 49 a la 73

Equipo 4: desde la página 75 a la 97

Equipo 5: desde la página 99 a la 124

Equipo 6: desde la página 125 a la 143

Equipo 7: desde la página 145 a la 166

Equipo 8: desde la página 167 a la 187





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Semana del 14-05-2007 al 19-05-2007

FORMAS DE EXPRESIÓN

Son las diversas maneras como podemos comunicar nuestras ideas.

En las lecturas el relator utiliza distintas formas expresivas para presentar los hechos, esas formas son:

La Narración, la Descripción y el Diálogo.Y son los tres elementos fundamentales de las novelas.


Narración: es la forma expresiva de contar los hechos de la manera mas favorable.

Descripción: es la forma expresiva que se utiliza para presentar a los personajes y el ambiente donde se encuentran o suceden hechos.

Diálogo: es la forma expresiva mediante la cual se efectúan las conversaciones entre personajes.

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Actividad para estudiantes que se encuentran de reposo

Esta actividad es sólo para los estudiantes que se encuentran de reposo y no pudieron ni podrán asistir al aula a presentar el exámen.
Hasta el día sábado 12/05/2007 a las 4:30 pm tienes oportunidad para participar.

A continuación lee el cuento y al final estan las instrucciones de la actividad
Edgar Allan Poe
Berenice

La desdicha es diversa. La desgracia cunde multiforme sobre la tierra. Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste y también tan distintos y tan íntimamente unidos. ¡Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris! ¿Cómo es que de la belleza he derivado un tipo de fealdad; de la alianza y la paz, un símil del dolor? Pero así como en la ética el mal es una consecuencia del bien, así, en realidad, de la alegría nace la pena. O la memoria de la pasada beatitud es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan en los éxtasis que pudieron haber sido.
Mi nombre de pila es Egaeus; no mencionaré mi apellido. Sin embargo, no hay en mi país torres más venerables que mi melancólica y gris heredad. Nuestro linaje ha sido llamado raza de visionarios, y en muchos detalles sorprendentes, en el carácter de la mansión familiar en los frescos del salón principal, en las colgaduras de los dormitorios, en los relieves de algunos pilares de la sala de armas, pero especialmente en la galería de cuadros antiguos, en el estilo de la biblioteca y, por último, en la peculiarísima naturaleza de sus libros, hay elementos más que suficientes para justificar esta creencia.
Los recuerdos de mis primeros años se relacionan con este aposento y con sus volúmenes, de los cuales no volveré a hablar. Allí murió mi madre. Allí nací yo. Pero es simplemente ocioso decir que no había vivido antes, que el alma no tiene una existencia previa. ¿Lo negáis? No discutiremos el punto. Yo estoy convencido, pero no trato de convencer. Hay, sin embargo, un recuerdo de formas aéreas, de ojos espirituales y expresivos, de sonidos musicales, aunque tristes, un recuerdo que no será excluido, una memoria como una sombra, vaga, variable, indefinida, insegura, y como una sombra también en la imposibilidad de librarme de ella mientras brille el sol de mi razón.
En ese aposento nací. Al despertar de improviso de la larga noche de eso que parecía, sin serlo, la no-existencia, a regiones de hadas, a un palacio de imaginación, a los extraños dominios del pensamiento y la erudición monásticos, no es raro que mirara a mi alrededor con ojos asombrados y ardientes, que malgastara mi infancia entre libros y disipara mi juventud en ensoñaciones; pero sí es raro que transcurrieran los años y el cenit de la virilidad me encontrara aún en la mansión de mis padres; sí, es asombrosa la paralización que subyugó las fuentes de mi vida, asombrosa la inversión total que se produjo en el carácter de mis pensamientos más comunes. Las realidades terrenales me afectaban como visiones, y sólo como visiones, mientras las extrañas ideas del mundo de los sueños se tornaron, en cambio, no en pasto de mi existencia cotidiana, sino realmente en mi sola y entera existencia.
Berenice y yo éramos primos y crecimos juntos en la heredad paterna. Pero crecimos de distinta manera: yo, enfermizo, envuelto en melancolía; ella, ágil, graciosa, desbordante de fuerzas; suyos eran los paseos por la colina; míos, los estudios del claustro; yo, viviendo encerrado en mí mismo y entregado en cuerpo y alma a la intensa y penosa meditación; ella, vagando despreocupadamente por la vida, sin pensar en las sombras del camino o en la huida silenciosa de las horas de alas negras. ¡Berenice! Invoco su nombre... ¡Berenice! Y de las grises ruinas de la memoria mil tumultuosos recuerdos se conmueven a este sonido. ¡Ah, vívida acude ahora su imagen ante mí, como en los primeros días de su alegría y de su dicha! ¡Ah, espléndida y, sin embargo, fantástica belleza! ¡Oh sílfide entre los arbustos de Arnheim! ¡Oh náyade entre sus fuentes! Y entonces, entonces todo es misterio y terror, y una historia que no debe ser relatada. La enfermedad -una enfermedad fatal- cayó sobre ella como el simún, y mientras yo la observaba, el espíritu de la transformación la arrasó, penetrando en su mente, en sus hábitos y en su carácter, y de la manera más sutil y terrible llegó a perturbar su identidad. ¡Ay! El destructor iba y venía, y la víctima, ¿dónde estaba? Yo no la conocía o, por lo menos, ya no la reconocía como Berenice.
Entre la numerosa serie de enfermedades provocadas por la primera y fatal, que ocasionó una revolución tan horrible en el ser moral y físico de mi prima, debe mencionarse como la más afligente y obstinada una especie de epilepsia que terminaba no rara vez en catalepsia, estado muy semejante a la disolución efectiva y de la cual su manera de recobrarse era, en muchos casos, brusca y repentina. Entretanto, mi propia enfermedad -pues me han dicho que no debo darle otro nombre-, mi propia enfermedad, digo, crecía rápidamente, asumiendo, por último, un carácter monomaniaco de una especie nueva y extraordinaria, que ganaba cada vez más vigor y, al fin, obtuvo sobre mí un incomprensible ascendiente. Esta monomanía, si así debo llamarla, consistía en una irritabilidad morbosa de esas propiedades de la mente que la ciencia psicológica designa con la palabra atención. Es más que probable que no se me entienda; pero temo, en verdad, que no haya manera posible de proporcionar a la inteligencia del lector corriente una idea adecuada de esa nerviosa intensidad del interés con que en mi caso las facultades de meditación (por no emplear términos técnicos) actuaban y se sumían en la contemplación de los objetos del universo, aun de los más comunes.
Reflexionar largas horas, infatigable, con la atención clavada en alguna nota trivial, al margen de un libro o en su tipografía; pasar la mayor parte de un día de verano absorto en una sombra extraña que caía oblicuamente sobre el tapiz o sobre la puerta; perderme durante toda una noche en la observación de la tranquila llama de una lámpara o los rescoldos del fuego; soñar días enteros con el perfume de una flor; repetir monótonamente alguna palabra común hasta que el sonido, por obra de la frecuente repetición, dejaba de suscitar idea alguna en la mente; perder todo sentido de movimiento o de existencia física gracias a una absoluta y obstinada quietud, largo tiempo prolongada; tales eran algunas de las extravagancias más comunes y menos perniciosas provocadas por un estado de las facultades mentales, no único, por cierto, pero sí capaz de desafiar todo análisis o explicación.
Mas no se me entienda mal. La excesiva, intensa y mórbida atención así excitada por objetos triviales en sí mismos no debe confundirse con la tendencia a la meditación, común a todos los hombres, y que se da especialmente en las personas de imaginación ardiente. Tampoco era, como pudo suponerse al principio, un estado agudo o una exageración de esa tendencia, sino primaria y esencialmente distinta, diferente. En un caso, el soñador o el fanático, interesado en un objeto habitualmente no trivial, lo pierde de vista poco a poco en una multitud de deducciones y sugerencias que de él proceden, hasta que, al final de un ensueño colmado a menudo de voluptuosidad, el incitamentum o primera causa de sus meditaciones desaparece en un completo olvido. En mi caso, el objeto primario era invariablemente trivial, aunque asumiera, a través del intermedio de mi visión perturbada, una importancia refleja, irreal. Pocas deducciones, si es que aparecía alguna, surgían, y esas pocas retornaban tercamente al objeto original como a su centro. Las meditaciones nunca eran placenteras, y al cabo del ensueño, la primera causa, lejos de estar fuera de vista, había alcanzado ese interés sobrenaturalmente exagerado que constituía el rasgo dominante del mal. En una palabra: las facultades mentales más ejercidas en mi caso eran, como ya lo he dicho, las de la atención, mientras en el soñador son las de la especulación.
Mis libros, en esa época, si no servían en realidad para irritar el trastorno, participaban ampliamente, como se comprenderá, por su naturaleza imaginativa e inconexa, de las características peculiares del trastorno mismo. Puedo recordar, entre otros, el tratado del noble italiano Coelius Secundus Curio De Amplitudine Beati Regni dei, la gran obra de San Agustín La ciudad de Dios, y la de Tertuliano, De Carne Christi, cuya paradójica sentencia: Mortuus est Dei filius; credibili est quia ineptum est: et sepultus resurrexit; certum est quia impossibili est, ocupó mi tiempo íntegro durante muchas semanas de laboriosa e inútil investigación.
Se verá, pues, que, arrancada de su equilibrio sólo por cosas triviales, mi razón semejaba a ese risco marino del cual habla Ptolomeo Hefestión, que resistía firme los ataques de la violencia humana y la feroz furia de las aguas y los vientos, pero temblaba al contacto de la flor llamada asfódelo. Y aunque para un observador descuidado pueda parecer fuera de duda que la alteración producida en la condición moral de Berenice por su desventurada enfermedad me brindaría muchos objetos para el ejercicio de esa intensa y anormal meditación, cuya naturaleza me ha costado cierto trabajo explicar, en modo alguno era éste el caso. En los intervalos lúcidos de mi mal, su calamidad me daba pena, y, muy conmovido por la ruina total de su hermosa y dulce vida, no dejaba de meditar con frecuencia, amargamente, en los prodigiosos medios por los cuales había llegado a producirse una revolución tan súbita y extraña. Pero estas reflexiones no participaban de la idiosincrasia de mi enfermedad, y eran semejantes a las que, en similares circunstancias, podían presentarse en el común de los hombres. Fiel a su propio carácter, mi trastorno se gozaba en los cambios menos importantes, pero más llamativos, operados en la constitución física de Berenice, en la singular y espantosa distorsión de su identidad personal.
En los días más brillantes de su belleza incomparable, seguramente no la amé. En la extraña anomalía de mi existencia, los sentimientos en mí nunca venían del corazón, y las pasiones siempre venían de la inteligencia. A través del alba gris, en las sombras entrelazadas del bosque a mediodía y en el silencio de mi biblioteca por la noche, su imagen había flotado ante mis ojos y yo la había visto, no como una Berenice viva, palpitante, sino como la Berenice de un sueño; no como una moradora de la tierra, terrenal, sino como su abstracción; no como una cosa para admirar, sino para analizar; no como un objeto de amor, sino como el tema de una especulación tan abstrusa cuanto inconexa. Y ahora, ahora temblaba en su presencia y palidecía cuando se acercaba; sin embargo, lamentando amargamente su decadencia y su ruina, recordé que me había amado largo tiempo, y, en un mal momento, le hablé de matrimonio.
Y al fin se acercaba la fecha de nuestras nupcias cuando, una tarde de invierno -en uno de estos días intempestivamente cálidos, serenos y brumosos que son la nodriza de la hermosa Alción-, me senté, creyéndome solo, en el gabinete interior de la biblioteca. Pero alzando los ojos vi, ante mí, a Berenice.
¿Fue mi imaginación excitada, la influencia de la atmósfera brumosa, la luz incierta, crepuscular del aposento, o los grises vestidos que envolvían su figura, los que le dieron un contorno tan vacilante e indefinido? No sabría decirlo. No profirió una palabra y yo por nada del mundo hubiera sido capaz de pronunciar una sílaba. Un escalofrío helado recorrió mi cuerpo; me oprimió una sensación de intolerable ansiedad; una curiosidad devoradora invadió mi alma y, reclinándome en el asiento, permanecí un instante sin respirar, inmóvil, con los ojos clavados en su persona. ¡Ay! Su delgadez era excesiva, y ni un vestigio del ser primitivo asomaba en una sola línea del contorno. Mis ardorosas miradas cayeron, por fin, en su rostro.
La frente era alta, muy pálida, singularmente plácida; y el que en un tiempo fuera cabello de azabache caía parcialmente sobre ella sombreando las hundidas sienes con innumerables rizos, ahora de un rubio reluciente, que por su matiz fantástico discordaban por completo con la melancolía dominante de su rostro. Sus ojos no tenían vida ni brillo y parecían sin pupilas, y esquivé involuntariamente su mirada vidriosa para contemplar los labios, finos y contraídos. Se entreabrieron, y en una sonrisa de expresión peculiar los dientes de la cambiada Berenice se revelaron lentamente a mis ojos. ¡Ojalá nunca los hubiera visto o, después de verlos, hubiese muerto!
El golpe de una puerta al cerrarse me distrajo y, alzando la vista, vi que mi prima había salido del aposento. Pero del desordenado aposento de mi mente, ¡ay!, no había salido ni se apartaría el blanco y horrible espectro de los dientes. Ni un punto en su superficie, ni una sombra en el esmalte, ni una melladura en el borde hubo en esa pasajera sonrisa que no se grabara a fuego en mi memoria. Los vi entonces con más claridad que un momento antes. ¡Los dientes! ¡Los dientes! Estaban aquí y allí y en todas partes, visibles y palpables, ante mí; largos, estrechos, blanquísimos, con los pálidos labios contrayéndose a su alrededor, como en el momento mismo en que habían empezado a distenderse. Entonces sobrevino toda la furia de mi monomanía y luché en vano contra su extraña e irresistible influencia. Entre los múltiples objetos del mundo exterior no tenía pensamientos sino para los dientes. Los ansiaba con un deseo frenético. Todos los otros asuntos y todos los diferentes intereses se absorbieron en una sola contemplación. Ellos, ellos eran los únicos presentes a mi mirada mental, y en su insustituible individualidad llegaron a ser la esencia de mi vida intelectual. Los observé a todas las luces. Les hice adoptar todas las actitudes. Examiné sus características. Estudié sus peculiaridades. Medité sobre su conformación. Reflexioné sobre el cambio de su naturaleza. Me estremecía al asignarles en imaginación un poder sensible y consciente, y aun, sin la ayuda de los labios, una capacidad de expresión moral. Se ha dicho bien de mademoiselle Sallé que tous ses pas étaient des sentiments, y de Berenice yo creía con la mayor seriedad que toutes ses dents étaient des idées. Des idées! ¡Ah, éste fue el insensato pensamiento que me destruyó! Des idées! ¡Ah, por eso era que los codiciaba tan locamente! Sentí que sólo su posesión podía devolverme la paz, restituyéndome a la razón.
Y la tarde cayó sobre mí, y vino la oscuridad, duró y se fue, y amaneció el nuevo día, y las brumas de una segunda noche se acumularon y yo seguía inmóvil, sentado en aquel aposento solitario; y seguí sumido en la meditación, y el fantasma de los dientes mantenía su terrible ascendiente como si, con la claridad más viva y más espantosa, flotara entre las cambiantes luces y sombras del recinto. Al fin, irrumpió en mis sueños un grito como de horror y consternación, y luego, tras una pausa, el sonido de turbadas voces, mezcladas con sordos lamentos de dolor y pena. Me levanté de mi asiento y, abriendo de par en par una de las puertas de la biblioteca, vi en la antecámara a una criada deshecha en lágrimas, quien me dijo que Berenice ya no existía. Había tenido un acceso de epilepsia por la mañana temprano, y ahora, al caer la noche, la tumba estaba dispuesta para su ocupante y terminados los preparativos del entierro.

Me encontré sentado en la biblioteca y de nuevo solo. Me parecía que acababa de despertar de un sueño confuso y excitante. Sabía que era medianoche y que desde la puesta del sol Berenice estaba enterrada. Pero del melancólico periodo intermedio no tenía conocimiento real o, por lo menos, definido. Sin embargo, su recuerdo estaba repleto de horror, horror más horrible por lo vago, terror más terrible por su ambigüedad. Era una página atroz en la historia de mi existencia, escrita toda con recuerdos oscuros, espantosos, ininteligibles. Luché por descifrarlos, pero en vano, mientras una y otra vez, como el espíritu de un sonido ausente, un agudo y penetrante grito de mujer parecía sonar en mis oídos. Yo había hecho algo. ¿Qué era? Me lo pregunté a mí mismo en voz alta, y los susurrantes ecos del aposento me respondieron: ¿Qué era?
En la mesa, a mi lado, ardía una lámpara, y había junto a ella una cajita. No tenía nada de notable, y la había visto a menudo, pues era propiedad del médico de la familia. Pero, ¿cómo había llegado allí, a mi mesa, y por qué me estremecí al mirarla? Eran cosas que no merecían ser tenidas en cuenta, y mis ojos cayeron, al fin, en las abiertas páginas de un libro y en una frase subrayaba: Dicebant mihi sodales si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas. ¿Por qué, pues, al leerlas se me...
A partir de la lectura debes:
1 Anticipar su final.
2 Desarrollar una generalidad del sentido (significado) del cuento.
3 Realizar una reducción del contenido del cuento en 20 líneas.
4 ¿Qué es inferencia, qué es anticipación, qué es generalización, qué es paráfrasis? La definición de cada una de las estrategias debe ser de cuatro (4) líneas.

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Clase asistida día 10-05-2007

Hijos esperando que se encuentren bien en línea general, para la clase asistida del día de hoy deben realizar el ejercicio de Comprensión Lectora que se encuentra en donde dice enlaces, esperando que sea de beneficio para todos. Un abrazo y mucho cariño.

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Notificación

Buenos días juventud!
Les comunico que en la próxima clase presencial se realizará una evaluación sobre Inferencia,Anticipación, Generalización y Paráfrasis en la lectura.